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Historia


1938, Iniciativas para la creación de un seminario dedicado a formar misioneros.

La primera piedra destinada a la fundación de nuestro Instituto se colocó once años antes de su fundación oficial, cuando tres mexicanos notables, motivados por el profundo amor a las Misiones, concibieron una idea: hacer un instituto mexicano dedicado específicamente a las Misiones extrajeras.

En 1938, Enrique Mejía, unido a Carlos Quintero Arce y Enrique Salazar, con quienes mantenía una estrecha amistad, pusieron su esperanza en trabajar por un instituto mexicano de Misiones para el extranjero. En 1941, cuando Enrique Mejía fue ordenado sacerdote, consagró junto con sus dos amigos la idea de dedicar su vida y sus esfuerzos a lograr tan entrañable hazaña.

Monseñor Carlos Quintero
Monseñor Carlos Quintero Arce
Padre Enrique Salazar
Padre Enrique Salazar

Las conversaciones se iniciaron, el P. Salazar habló del asunto con Mons. Miguel Darío Miranda y Gómez, Obispo de Tulancingo, y el P. Quintero, con Mons. José Garibi y Rivera, Arzobispo de Guadalajara, así corrieron las voces y las ideas preliminares.

Por su parte, Mons. José Ignacio Márquez y Tóriz también acariciaba la idea de la fundación de un seminario de Misiones. En la Unión Misional del Clero (U.M.C.) hablaba del proyecto de un seminario de Misiones extranjeras en México, que centrara su labor en la formación particular de sacerdotes que tuvieran la vocación infinitamente generosa de anunciar el Evangelio a otras tierras del mundo.


Mons. José Ignacio Márquez y Tóriz

Los esfuerzos de Mons. Márquez y del P. Mejía se unificaron durante el primer Congreso Nacional Misionero, en noviembre de 1942. En esa ocasión se fomentó, sobre todo, la difusión, el ambiente y la oración a favor de tan noble proyecto.

En 1945, Mons. Miguel Darío Miranda y Gómez y Mons. José Ignacio Márquez Tóriz conciliaron sus esfuerzos y platicaron acerca de este sueño y de los logros que se iban alcanzando hasta ese momento. Poco después, el episcopado mexicano aceptó por unanimidad el proyecto de fundación del seminario de Misiones, y creó también un consejo episcopal formado por ambos sacerdotes.

Largo fue el camino que se recorrió, lleno de oraciones, propaganda y buenos deseos, pero, sobre todo, lleno de arduo trabajo y organización. La creación de nuestro Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras estaba a punto de culminarse.

Aunque mucha había sido la labor previamente realizada, aún era necesario desarrollar estructuras sólidas y consolidar el proyecto.


1949, Inicio del Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras.

Para una hazaña tan colosal como la creación de este seminario era necesario tener un líder cuya capacidad estuviera acorde con los objetivos que se pretendían alcanzar. No había mexicano más notable, experimentado, entregado a su fe y dispuesto a la labor misionera que Mons. Alonso Manuel Escalante y Escalante.

Monseñor Alonso Manuel Escalante
Monseñor Alonso Manuel Escalante

Mons. Miguel Darío Miranda y Gómez, Obispo de Tulancingo, lo sabía perfectamente, y, dada su tarea de consolidar la creación del seminario de Misiones, se dirigió a los Misioneros de Maryknoll —experimentado seminario de Misiones extranjeras, ubicado en Nueva York, Estados Unidos—, con el objetivo de solicitar cinco sacerdotes para inaugurar la nueva institución y trabajar en ella hasta que se desarrollara lo suficiente. Específicamente pidió la colaboración de Mons. Escalante para fungir como primer rector del Seminario.

Ante la aceptación de Maryknoll y de Mons. Escalante, éste se dirigió a México para cumplir con la tarea. Desde su salida de la Misión de Pando, en Bolivia, y hacía su camino a México, no olvidó hacer eco de los planes que se tenían en nuestro país; incluso visitó el Seminario de Misiones de Colombia, como parte de su preparación.

Una vez en México, comenzaron los trabajos y se decidió que el seminario mayor se encontraría en la ciudad de México, para resaltar el carácter nacional de la obra, mientras que los seminarios menores estarían situados en Puebla y Guadalajara.

Monseñor Carlos Quintero
Seminario Mayor en obra
Padre Enrique Salazar
Nuestro Seminario Menor en Guadalajara, Jalisco

Monseñor Escalante avanzó de igual manera en los planes de trabajo del futuro seminario. Primeramente pensó en el carácter educativo de la institución, para promover el apostolado en aquellos países donde les fueran asignadas las Misiones. Así mismo, concibió la promoción vocacional para lograr una participación directa del apostolado por medio de un plano espiritual en el que abundara la oración y la mortificación. Monseñor Escalante sabía muy bien de las vicisitudes del mantenimiento de un seminario con esas pretensiones, por lo que ideó también un plan financiero que se fundamentaba principalmente en la caridad de los fieles mexicanos.

La “Quinta Álamos”, ubicada en un tranquilo lugar de Tlalpan, fue la elegida para comenzar a edificar el seminario, con fecha programada para el 7 de octubre de 1949. El inmenso amor que Mons. Escalante sentía por la Virgen de Guadalupe lo motivó a proclamar a la Santísima Virgen del Tepeyac como Patrona del seminario de Misiones extrajeras. Esta decisión contó con el apoyo y beneplácito del clero mexicano.

Quinta los Álamos
Quinta los Álamos en Tlalpan, Ciudad de México

De esta forma, con el corazón nostálgico al rememorar los once largos años que precedieron a esta inauguración, pero con la mirada alegre y fija en un futuro lleno de esperanza que estaba por comenzar, el viernes 7 de octubre de 1949, a las 8:30 de la mañana, Mons. José Ignacio Márquez Tóriz celebró la Santa Misa de inauguración.

Eran doce los estudiantes que formaron esa primera generación, pero no estuvieron solos, fueron bendecidos por obispos, sacerdotes, religiosas y padrinos bienhechores procedentes de todas las regiones de la república mexicana. En aquella ocasión se recibieron también muestras de apoyo a nivel internacional. Así, llenos de regocijo y buenos deseos, se daba por inaugurado oficialmente nuestro Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras.


Monseñor Escalante y alumnos del Seminario