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El porvenir de los misioneros
P. Juan Antonio Muñoz Hernández, MG

Desde 1911 los Misioneros de Maryknoll se han dedicado a promover el bienestar espiritual y material de diversos pueblos en Asia, África y América latina. Actualmente, ante situaciones diferentes a las del pasado, habrán de fomentar nuevas perspectivas misioneras.

El 27 de abril de 1911 fue aprobada la Sociedad Católica de América para las Misiones Extranjeras por los obispos de Estados Unidos, y dos meses más tarde, el 29 de junio, por el Papa Pío X. Fueron los Padres James Anthony Walsh y Thomas Frederick Price quienes promovieron dicho instituto, el cual ahora celebra 100 años de existencia y cuyos miembros son conocidos como Misioneros de Maryknoll.

Teniendo en cuenta todas las iniciativas y servicios prestados por los Misioneros de Maryknoll en el pasado, cabe preguntarse cómo será en el presente su contribución dentro de la Misión global, para que se mantenga significativa y pertinente en las nuevas circunstancias que presenta el siglo en que vivimos.

Con el fin de encontrar una respuesta, podríamos hacer referencia a cierta frase que se ha atribuido a san Roberto Belarmino: “Tiempos nuevos, ideas nuevas, pero los mismos compromisos”. Seguramente el santo aludía al compromiso con Cristo, con el bienestar total de los pueblos a los que todo misionero ha sido enviado y con la Iglesia de la que formamos parte. Estas palabras también se aplican a nuestra época globalizada y, por ende, tan plural y colmada de nuevos desafíos.

Así, pues, lo anterior esclarece la meta por alcanzar para todos los misioneros: volver a comprometerse con la Misión universal de la Iglesia, compromiso que durante siglos se ha manifestado elocuentemente en la vida de muchos de ellos.

La esencia de la Misión sigue siendo la misma: los misioneros y sus colaboradores son enviados a las naciones para ofrecer sus servicios en favor del bienestar espiritual y material de la gente. Es necesario enfrentar, con determinación semejante a la de épocas anteriores, los desafíos actuales: reorientar una sociedad cada vez más materialista y consumista hacia las fuentes espirituales y morales más profundas.

En el contexto de los 100 años del inicio de la gran empresa misionera de Maryknoll, el diálogo con el pasado no puede reducirse a una búsqueda de información histórica: deberá más bien llevar al reconocimiento de cada misionero de tan benemérita institución, puesto que, fieles al mandato de Cristo y al envío que recibieron por parte de la Iglesia, sirvieron a la causa de Dios y de la humanidad.

Nuestros mejores votos a los Misioneros de Maryknoll en el centenario de su fundación, para que, consagrados en cuerpo y alma, sigan proclamando el Evangelio hasta los confines de la Tierra.